Productividad y competitividad en tiempos de incertidumbre
Una reflexión sobre el impacto del contexto internacional, los desafíos estructurales de la economía y la necesidad de fortalecer capacidades empresariales para competir mejor.
Nadie puede dudar que el mundo está experimentando una enorme incertidumbre, con los conflictos bélicos entre Ucrania y Rusia, la inestabilidad en Medio Oriente y la tensión creciente en el escenario internacional. Estos conflictos, además de incrementar la incertidumbre en la economía mundial, afectan en mayor o menor medida las condiciones y la necesaria estabilidad en lugares tan distantes como nuestro propio territorio.
La pregunta es qué tendrá que ver todo esto con la productividad y la competitividad de nuestra economía y el futuro cercano de nuestras empresas, en su complejidad estructural, los deterioros sufridos por este entramado productivo y los efectos «de arrastre» de los últimos años: cierre de empresas, crisis de algunos sectores y pérdida de puestos de trabajo en varias zonas del país.
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Esta introducción es para tomar el tema de la productividad y la competitividad, tan frecuentemente mencionados en distintos foros de discusión. Nos parece oportuno recordar que ya por comienzos de la década de los 80 del siglo XX la OIT (Organización Internacional del Trabajo) editaba, a través de su casa editora CINTERFOR, el libro de Joseph Prokopenko, consultor de la organización, cuyo título es La gestión de la productividad – Manual práctico. Nada más y nada menos.
En él se expresa, con meridiana claridad, que en el nivel macroeconómico la medición de la productividad ha sido un proceso de gran utilidad en el establecimiento de políticas salariales para la lucha contra la inflación, desde un enfoque general y no sesgado hacia uno u otro de los factores que la afectan cotidianamente. Trataremos de compartir con clientes, amigos y visitantes una serie de «noticias» relacionadas con estos dos temas, que consideramos de vital importancia en épocas de máxima incertidumbre.
La productividad es resultado de una serie de factores de carácter nacional e internacional. La globalidad de la economía mundial, la presencia de países hegemónicos, el sistema financiero sustentado en el dólar, las nuevas potencias surgidas tras la «guerra fría», el hiperdesarrollo de los países asiáticos y los espacios multilaterales, junto a las economías locales, han significado un continuo desafío para el empresariado en general.
La velocidad de las transformaciones tecnológicas, el precio de los hidrocarburos, las energías renovables y alternativas, las economías de escala, la sobreutilización de recursos del subsuelo y la reciente demanda de las llamadas «tierras raras» nos llevan, indefectiblemente, a analizar y buscar alternativas para mejorar la productividad y ser más competitivos. A ese combo se suman el desempleo estructural y la escasez de calificación del capital humano necesario, que se han convertido en un problema acuciante.
En nuestro país, la carencia de inversiones y la proliferación de productos importados en sustitución de la producción local provocaron no solo la pérdida de trabajadores calificados, sino algo peor: se fueron perdiendo oficios, expertos y técnicos en distintos sectores. El cierre de empresas de sectores como el metal-mecánico y el textil generó una situación compleja en una industria nacional que otrora fue ejemplo mundial.
El desafío es cómo lograr que todos los recursos disponibles rindan, a partir de la planificación de cada uno de ellos para obtener las mejores y mayores utilidades: los recursos financieros del capital invertido, los tecnológicos, locativos y logísticos, y la gestión de una mano de obra calificada y entrenada para superar los desafíos actuales que propone la economía mundial. Continuaremos con estas entregas.